19 octubre 2011

El Conflicto de Oriente Medio y los amigos cibernéticos





19 octubre 2011


Quien diga que esto de las relaciones virtuales, cibernéticas o a través de la mierda esa de internet, (que es como le llaman los que aún viven en el árbol), no tiene sus ventajas, sus virtudes y su trazo culto, es que no sabe nada de nada y, además, le va a costar aprender algo alguna vez por mucho que se dedique a estudiar y repasar  los informativos del Sálvame de Luxe.

Antonio Mes uno de esos amigos virtuales que uno se echa entre pecho y espalda, por encima del abdomen, y que por muchos amenazantes Ecodoppler que te hagan en ese sitio, no renuncias ni a tenerlos, ni a quererlos en su justa medida, como Dios manda. Antonio M, que es uno de los del fuerte trazo culto de la música heavy, amante de la radio nocturna de élite e investigación y gran enamorado de sus pasiones, me ha mandado este relato que clarifica, por fin, el origen del “conflito” de Oriente Medio:
EL JUDÍO Y EL ÁRABE:
El árabe se va a la tienda del judío para comprar sujetadores negros.
El judío, presintiendo buen negocio, le comenta que son raros y que hay pocos y le vende cada uno a 40 euros.
El árabe compra 6, y vuelve algunos días después para comprar 2 docenas más. 
El judío comenta que las piezas cada vez son más raras de encontrar y se las vende por 50 euros unidad.
Un mes más tarde, el árabe regresa y compra lo que le resta al judío por 75 euros cada uno.
El judío, muy curioso, le pregunta qué hace con tantos sujetadores negros...
Responde el árabe:
       - Corto el sujetador en dos y hago los sombreritos que usáis vosotros a 150 euros cada uno.
Y AHÍ, justo AHÍ, FUE CUANDO EMPEZÓ TODO...
George Clerano: Como no me lo puedo tomar en serio, lo haré como mejor sepa hacerlo. (Y se partió el culo contando lo de Legrain) (sic)


 
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2 comentarios:

  1. Si no toda, casi toda, Candela. Acuérdate de lo que pasó en el Paraíso. y eso que la manzana no era de la zona Vip de El Corty.

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  2. ¡Justo, Enrique! Siempre hay un principio por el que el pillo es pillado y se enfada. Del enfado surge llamarse panoli ante el espejo. Desde el espejo se pasa a mirarse en el bruñido canón de acero y de él al pepinazo. ¡Si es que no se les puede dejar solos...!

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