Mientras los gobiernos anuncian más armas y los ciudadanos miran hacia otro lado, la sombra de una escalada militar se extiende sobre un continente que parece haber olvidado las lecciones de su propia historia
04 octubre 2026
LA NOTICIA :
- El canciller alemán, Friedrich Merz, realizó una visita sorpresa a Kyiv para reafirmar el apoyo de Alemania a Ucrania frente a la invasión rusa. Durante el viaje anunció una nueva ayuda militar valorada en mil millones de euros, que incluye miles de drones interceptores, impulso a la producción de armamento de largo alcance y recursos para la reparación de infraestructuras energéticas dañadas por los ataques rusos.
- Merz justificó este apoyo asegurando que, si Rusia no es detenida, su maquinaria de guerra podría convertirse en una amenaza para el resto de Europa. La visita se produjo en un momento especialmente delicado, marcado por el incremento de los bombardeos rusos sobre la capital ucraniana y la creciente tensión entre Moscú y los países europeos.
MI COMENTARIO:
- Cada día resulta más difícil no escuchar el inquietante ruido de sables que resuena por toda Europa. Lo que hace apenas unos años parecía impensable se ha ido normalizando a una velocidad alarmante: más armas, más amenazas, más gasto militar, más discursos de confrontación y más miedo.
- Lo verdaderamente preocupante no es solo la guerra que ya existe, sino la facilidad con la que nuestros responsables políticos parecen asumir que el camino pasa por prepararse para una guerra aún mayor. Gobiernos y oposiciones, cada uno desde su trinchera ideológica, continúan inmersos en una campaña electoral permanente, obsesionados con desgastar al adversario mientras el continente entra en una dinámica que recuerda demasiado a los capítulos más oscuros de su historia.
- La política debería servir para evitar conflictos, no para administrarlos ni para acostumbrarnos a ellos. Sin embargo, da la sensación de que muchos dirigentes han dejado de hablar de paz para hablar únicamente de armamento, estrategias militares y enemigos. Y cuando la palabra paz desaparece del vocabulario político, la humanidad siempre acaba pagando un precio demasiado alto.
- Tampoco ayuda la actitud de una sociedad que prefiere convencerse de que todo esto ocurre lejos, que las amenazas son solo titulares de prensa o que los acontecimientos nunca llegarán a afectar a nuestra vida cotidiana. Es una cómoda ilusión. La historia demuestra que los grandes conflictos comienzan mucho antes de que se escuchen los primeros disparos. Empiezan cuando la tensión se normaliza, cuando el miedo se convierte en rutina y cuando los ciudadanos dejan de exigir a sus gobernantes esfuerzos reales por el diálogo y el entendimiento.
- Europa fue capaz de reconstruirse sobre las ruinas de dos guerras devastadoras porque comprendió que la paz no era una consecuencia automática del paso del tiempo, sino una tarea diaria y colectiva. Hoy, sin embargo, parece que esa memoria se debilita. Se multiplican los discursos belicistas mientras escasean las voces que reclaman serenidad, negociación y sentido común.
- Tal vez haya llegado el momento de recordar que ninguna carrera armamentística ha garantizado jamás un futuro mejor para los pueblos. La verdadera fortaleza de una democracia no se mide por la cantidad de misiles que puede fabricar, sino por su capacidad para impedir que tengan que utilizarse.
- Porque cuando el ruido de sables se convierte en música de fondo, el peligro ya no está únicamente en los campos de batalla. Empieza a instalarse en nuestras conciencias. Y eso debería preocuparnos mucho más de lo que parece.
Fuente https://tinyl.co/56c7




