No sabía si contarlo, pero, finalmente, me he decidido a hacerlo.
Antoine estaba hoy especialmente cariñoso pues parece que anoche tuvo una de amores con una enrevesada crítica de arte del Paris de los 80, que ha venido a pasar unos días a El Campello para recordar los tiempos felices de su ahora roto matrimonio. Pero Antoine, en su éxtasis ha empezado a pavonear de sus formas, de su figura de verdura, bicicleta, barritas de centeno y, eso si, su Armagnac, eso que no le falte. Tanto era así que se estaba poniendo pesadito y en eso que suelta, a la pregunta de Juan de “seguro habrás hecho todo lo que ella te habrá pedido, Antoine”, un “NO TENEIS NI PUÑETERA IDEA de lo que os hablo ni de lo que se puede hacer en una noche de amor con una francesa. Vosotros siempre habéis tenido jefe y yo no … qu'est-ce que vous saurez de cela”
Pero al rato la cosa ha cogido unos pésimos derroteros, ya sabéis, cosa de machitos ibéricos, “que si yo tal, que si lo hice sentado en una silla en la cubierta inclinada, que si yo cuatro en una hora”, si, y toda esa mierda que se suelta siempre a la hora del carajillo entre tíos, aunque esté la Loli presente, que, para el caso, es como si fuera uno más por lo bestia que es.
Pero mira por donde, al final, hemos acabado hablando de si “Mi Jefe hacía lo que yo quería”, el otro decía que, “Ah, mi jefe, ese desconocido, no sabía dar un paso sin mi” y así un buen rato y en ese embarullado y estúpido cacareo me he empezado a acordar de los míos, de mis jefes …
Lo cierto es que desde que salí de Barcelona, en el 78, nunca jamás tuve un jefe sentado en el despacho de al lado o en la misma planta y ni siquiera en la misma ciudad, quizás alguno se salve, pero mi carácter indómito y, seguramente, insufrible para ellos, me llevó a creerme, siempre, que nunca me merecieron, salvo en dos contadas ocasiones, uno por ser persona y otro por su carácter innovador, ninguno de ellos me aportó nada y eso, seguramente, me hizo fuerte, me hizo pensar por todo y por todos, esa fue mi libertad y mi suerte y como la pelota entraba, pues miel sobre hojuelas. “Enrique vale mucho, pero que se quede en Provincias, no sea que ..” y a mi, con ello, me hacían un Padre de Familia feliz, me hacían e hicieron, lo que siempre quise ser, Cabeza de Ratón mas que Cola de León, que eso no lo hubiera podido soportar nunca, pero nunca jamás.
Por tanto, mi cafetulia matutina, hoy, me ha aportado un refrescante tufo docente que me lleva a proponer, a quien me quiera escuchar, que para lanzarse al mundo profesional, es muy necesario saber medir las fuerzas con las que cuentas, conocerlas bien y luego saberlas usar. Si te excedes y te pasas, te irá mal, pero si no llegas tampoco te irá bien. Yo empecé, por cuna, en la fila quince y tuve que remontar durante toda la carrera, quizás me faltó haber nacido unas filas mas adelante, pero lo importante es la relación esfuerzo/resultado y de eso no me puedo quejar y a lo mejor tú tampoco. Piénsalo, ¿lo prometes? Pensando así yo siempre he sido muy feliz.
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