El me miraba con cara de aquél que está viendo al que está tumbado en la arena apuntando a su gaznate una de esas enormes espadas que lucían los “Espartacos” de la época, sin que nadie haya explicado jamás a que gimnasio iban para tener tanta fuerza, por cierto, pero no nos desviemos, decía que me miraba como perdonándome la vida y yo estaba tenso, erecto, oído derecho abierto, barriga llena de esa cosa asquerosa que parece moco cuando te hacen una ecografía y yo, aunque había madrugado mas que nunca, mejor dicho, no había dormido apenas, expectante, yo estaba a punto de fenecer de un coágulo cardiaco proximal. Pero él, en su clásico gesto de Médico de Élite, me dice: “Tienes tal inflamación que no se ve nada, Enrique” – ¿Y? – “”Pues nada, te doy una resma de recetas que atacarán el mal con contundencia para que baje la inflamación y en un mes al quirófano”. Pues bien de momento, al oír tal sentencia, no sabes muy bien qué hacer, no sabes si darle un beso a Bartolomé o ponerte a llorar pensando que si en la resma no hay ningún ingrediente que arregle la cosa, la noche va a a ser peor que la electoral cuando el Referéndum de la OTAN de Felipe. Lo demás no tiene importancia, bueno sí, pero no viene al caso, pero, de golpe, me viene a la zona V de mi disco sesudo una frase que, hablando de salud, no olvido: “…....sin embargo sentía una gran nostalgia, de qué no podría decirlo, pero era una gran nostalgia de una vida pasada y de una vida futura, sostiene Pereira”.

Animo amigo que eso no es nada verás.Recibe todo mi apoyo.......Voy a ver si busco esa canción.
ResponderEliminarGracias, argy, muy agradecido
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