Hay veces en que aprendes a saber cual es el verdadero dolor que produce sentir el de tu propia sangre. Nunca lo sabes hasta que te toca. En esas circunstancias aprendes a saber cual es, también, el verdadero amor que esa misma sangre aporta a tu vida. Sin ambos, sin el dolor y sin el amor, nada sería posible.

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