20 diciembre 2012
Navegando por las páginas digitales que suelo devorar a diario me he tropezado con dos mensajes que me han hecho recapacitar sobre mi condición de humano y sobre la estupidez que, demasiadas veces, nos rodea. Estos mensajes, sin duda, debieran desterrar mi tremendismo y el de todos, sobre las desgracias propias, debiendo evitar que se nos olviden, cosa frecuente, las de los demás.
Son dos mensajes que no puedo dejar de reproducir aquí:


No hay comentarios:
Publicar un comentario