19 junio 2013
Una buena mañana, cuando piensas que ya no te puede pasar casi nada nuevo, zas, pipiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, y es Fran, el Rei de Lleida, que montado en su impresionante moto y metida su cabeza en un casco astronaútico, me grita: “¡¡¡ Ey, Enric !!!” – Fran está feliz, mandó todo a tpc, por fin. Está feliz, bajó la persiana para siempre, ahora se dedica a su tiempo libre, a las cosas que a él le gusta hacer y, especialmente, a todas aquellas que nunca tuvo tiempo para hacerlas. Hace grandes intermediaciones y cosas de uso poco frecuente ...
Entre los mil abrazos, Fran y yo, y algún beso amistoso, a lo ruso, hablábamos, a modo de despedida, que los tiempos cambian y los buenos cuesta o costará, que vuelvan. Concretábamos que lo peor del mundo de hoy, a diferencia de lo de nuestros tiempos profesionales felices, es que esfuerzo, más dedicación, más actitud era directamente proporcional al resultado que conseguías. “Ahora, Enrique, al menos desde el 2007, eso no es así y …”
Esta sociedad debiera cambiar y pronto, pero estoy seguro que eso no pasará, como ha sido siempre. Las crisis y los males de tipo generalista o global, como ahora se denomina a este tipo de actitud económica que las sociedades modernas muestran, acaban dejando algunos muertos en el camino de los que, pese a quien pesa, el tiempo y la misma sociedad, acaba olvidando. Daños colaterales se llama ahora. Ánimo, ser mártir no ayuda a vivir, ser ídolo de nadie, tampoco, pero lo mas importante del ser, sin duda, es eso, ser, lo demás, quizás no importe. Un día descubrimos que la vida, como casi siempre, está en otra parte y la mayoría de las veces está cerca, muy cerca, a veces, justo al lado y no siempre sabemos verlo.

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