Simone Haacks
15 marzo 2014 - 27 julio 2016
Abro los ojos y veo el techo. No hay mucha luz, la persiana no se cerró bien y me deja ver que hay sol. Pecho empapado en sudor, las piernas con rampas y el brazo derecho está dormido. Sorpresa, esta noche no he puesto la radio. Un dulce y cariñoso susurro en el oído derecho me sugiere que nos levantemos. Sabes que acabarás haciéndolo pero levantar las piernas y llevarlas al suelo, como cada día, parece un imposible. Subo la persiana y una nueva alegría que recordar: El abuelo de los bolos, está jugando en el jardín del Bulevar mientras su horroroso, pero fiel, perro le mira sentado con una atención inaudita. Los coches en doble fila delante de la Farmacia me recuerdan que hoy está abierta. Me apoyo en el mármol del baño y me miro al espejo sin que pueda evitar el clásico pensamiento de cada día: “Enrique, sí, eres tú, no te dejes engañar, por fuera no lo pareces pero eres el mismo de siempre”. La niña de la vecina y su desconsolado llanto me recuerda que deben ser mas de las diez, mi cabeza, también. Sigo sin poner la radio en marcha, hoy no lo haré. Mientras, me sigo contemplando en el espejo, me miro extrañado, sí, de lo que veo, de como me veo en él. Al instante, y tras unos vanos intentos de recuperar el aliento, otro susurro, esta vez en el oído izquierdo, y ella que me pregunta; “¿Estás bien, cariño? ¿Seguimos?” – "Claro, como no, hoy será un gran día".
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Había una canción de un grupo de los ´80 llamado Ilegales, y decía más o menos asi: "Hay un tipo dentro del espejo,
ResponderEliminarque me mira con cara de conejo...." Pues eso pienso yo, en ocasiones dudo de si el que hay detrás del espejo soy yo o es otro, pero es que dudo de tantas cosas, pero bueno , no queda otra que hacerse amigo del cara de conejo!