Imagen: Renso Castaneda Zevallos
Lo ves tumbado. Está durmiendo en el sofá con su mantita encima. Tiene fiebre. Te acercas pones su cara junto a la suya, cierras los ojos y ese hado especial que ilumina mis citas, me lleva a acordarme de cuando alguien muy querido hacía eso conmigo. No te das cuenta pero te quedas ahí y te duermes junto a él, admitiendo ese irrefrenable sentimiento generacional que te destruye cualquier temor, cualquier sinsabor y alimenta tus necesidades vitales. Un sueño hecho realidad.
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Así es, detalles, se sabe, pero siempre te pilla por sorpresa. Un abrazo y feliz noche.
ResponderEliminarEs un canto a esta tercera edad que, oficialmente, empiezo en Julio, amigo argy. La mejor etapa de la vida.
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