24 abril 2014
El paso del tiempo ablanda la fiera y eso es lo contrario de lo que pensaban algunos egipcios de adopción que decían que la hacía más irascible, venenosa y escasamente, social. La fiera que llevamos dentro raramente reaparece a la gente de mi edad, solo lo hacen aquellos sentimientos que afloran en tu imaginación sobre asuntos que crees haber hecho bien y, aunque no quieras entenderlo, también sufres la aparición de lo que crees haber hecho mal y todo eso sucede aunque intentes borrarlo de tu memoria. Recuerdas cuando le echaste huevos en tu primera huelga universitaria a los dieciocho y cuando te echaron de aquel partido en Montmeló, a los 16, cuando sacaste al nueve del equipo contrario y fue a parar contra la barandilla del campo y el muchacho se partió una pierna en el golpe. Eso son ejemplos pequeños, claro, los tremendos, los más horribles, no se cuentan, pero, ciertamente, poder y saber superar esas tormentas de sentimientos, solo se es capaz de hacerlo cuando concurren dos circunstancias en el individuo: Edad y capacidad de comprender que la negligencia es solo fruto de la ignorancia y no siempre lo es de la maldad. Lo que más cuesta, sin duda, es aceptarlo y en ello estoy.
Enviado de Samsung Mobile Note III
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La última frase es para apuntarla y acallar a veces la conciencia.
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