05 julio 2014
Una de cine de esas raras películas que de vez en cuando te gusta ver a pesar de ser de TV:
Resulta que el malo, que luego resultó ser el bueno, tenía una enfermedad incurable y le dijeron que se iba a morir en breve, quizás seis meses o quizás tres años, pero no mas. El malo, al enterarse que se va a morir, se vuelve mas malo que un alacrán en una sauna, y decide no afrontar la vida que le queda con la dignidad que siempre se reclama para el que tiene ese tipo de enfermedades, mientras ese sea otro. Pero resulta que el guionista, que habría hecho, en su día, un curso acelerado en el Sorpresa-Sorpresa de la Gemio, decide que le comuniquen al malo, que luego será buenísimo, que va a tener un nieto y es entonces cuando se produce el milagro de la vida, el malo que ya no es malo, que ya es buenísimo, decide recuperar las ansias de vivir y lucha como se pide que lo hagan los que tienen esos males mortales de la muerte, y al grito de “quiero conocerlo, abrazarlo y jugar con él en los billares”, el ya buenísimo se lanza a la búsqueda de una solución urgente para que la vida le dure lo suficiente como para disfrutar del enano que va a nacer pronto, para luego mantenerla el máximo de tiempo posible.
La escena en que el hombre toma esa decisión, la de luchar por la vida, y la de cuando muere con su nieto entre sus brazos en un blanquísimo hospital, motivó una de esas escenas que te ayudan a vivir, motivó que nos diéramos uno de esos largos abrazos que se dan sin palabras.

Para vivir, solo es necesario tener un motivo.
ResponderEliminarUn besote grande.
Hola Enrique,
ResponderEliminarsin duda merece la pena luchar por la vida. Gracias por compartirlo.
Un abrazo
La pregunta es muy buena pero la respuesta es muy mala, Toni. Mejor no te la digo.
ResponderEliminarUn abrazo feliz "senderista".
Ciertamente, amigo Antonio, a mi solo me ha bastado para la máquina, sentarme a ver pasar la vida y ... así ha sido.
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