... y al principio de otro.
13 julio 2014
El esperaba ese momento, sí, el del fin de su carrera laboral y profesional, para empezar a volar. Ella, por fin, lo iba a tener, siempre, en casa. No más viajes, no más "mamá, me quedo a dormir en Madrid que el jefe quiere verme a las nueve", no más "mamá, hoy no vendré a comer o me quedo a dormir en Palma". Se acabó el sufrimiento, se acabó la soledad marital y las ganas de disfrutar de un marido de modo normal. Pero él se empeñaba en seguir volando hacia un nuevo mundo, libre como un pájaro y ella en tenerlo entre sus brazos, cogidos de la mano, para compartir millones de gestas que había preparado durante años para ese día. La cuerda empezó a estirarse pero no se rompió. Entendieron que lo mejor, como habían hecho siempre, sería pactar y lo hicieron: Ella se enganchó a sus alas y él a sus faldas. Vivieron juntos muchos, muchos, años más hasta que el destino cumplió su inexorable fin. Una vida de cuento, parece, pero así fue. Yo así lo recuerdo y así quiero seguirlo haciendo.

Gracias, Tracy, mejor, siempre, creer en un cuento que en la cruel realidad.
ResponderEliminarYa sabes como son los sueños, detalles, ... sueños son.
ResponderEliminarGracias, maestro campillo. Llevo algo de retraso pues mi salud anda de puntillas sobre mi capacidad virtual, pero lo haré.
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