Mar era esa chica alegre, feliz, gran conversadora y amante esposa. Eran una pareja excepcional, ejemplar y que se hacían querer como nadie. El grupo sin ella, sin ellos, no era lo mismo. Mar cuidaba de su Carlos, de su empleo, de sus dos niñas y de todos los amigos que tenían algún problema que contarle. Era una mujer admirable, adoraba su profesión de filóloga ejerciendo en un Instituto cercano a su casa en el Cabo de Las Huertas y siempre hablaba maravillas de sus niños, (sus alumnos), y de sus niñas a las que profesaba una dedicación extrema. Mar, a pesar de todo, siempre decía que sus mejores momentos del día eran los del café de la madrugada, antes de salir de casa, junto a su Carlos. Hace treinta años, su Carlos, un joven y prometedor Ingeniero de Caminos, murió porque un camión asesino se salió de su carril y chocó frontalmente con el coche de él en esa peligrosísima y corta carretera que une las dos autopistas de Madrid al Levante español en La Font de la Figuera. La Niebla, la desdicha, el destino y/o hasta la sinrazón, acabaron con una vida en común que, en algún momento, hace creer que no hay Dios alguno que regule nuestras vivencias.
Hoy, en la cola de la tienda de las frutas y verduras de mis amores en la Playa, me encontré a Lucía, una de las hijas de Mar. Le pregunté por su madre y ella, como siempre, me dijo lo mismo de siempre que se lo pregunto: "Enrique, ya sabes qué, mi madre, vuestra Mar, sigue haciendo café para él todas las mañanas, justo a las siete, no lo puede olvidar y nosotras, como siempre, nunca se lo hemos recriminado"
Algunas veces creo que la estupidez humana, de cuya existencia tanto predico, tiene alguna esperanza de solución.
Enviado de Samsung Mobile Note III

Preciosa historia de fidelidad.
ResponderEliminar¡Qué maravilla! me has conmovido.
ResponderEliminarSi esa Mar existe, dale un beso de mi parte.
Gracias, David y, ah, seguro que lo verás y muy cerca, siempre sucede. Por cierto, el maestro eres tú, yo aún estoy empezando y tu ya eres un veterano e ilustre escritor.
ResponderEliminarTriste a la par que enternecedor.............sólo podias escribirlo tu asi. Que pena, como todas las penas que junto a las alegrias, tal que alamares, adornan la taleguilla que llevamos todos colgada.
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