Dalí: El enigma sin fin-1938
21 mayo 2018
Dedicado a una buena amiga, maestra en un colegio nacional, digno oficio al que dedicó toda su vida.
Dame la bolsa y el dinero y sube al segundo piso y dile a la señora, cuando te abra, que ya tiene aquí abajo las patatas. Eso me dijo un malnacido, en mi infancia, allá por el invierno de 1958, abordándome en medio de la calle y apartándome hasta el portal de la esquina de la barcelonesa Calle Cartagena, junto a la Barbería. La señora no abrió, afortunadamente para mi, seguramente habría salido. Como lo que era, un enano inocente, bajé por las escaleras y encontré la bolsa en el centro del zaguán, en el suelo, como pidiéndome perdón. Me puse a llorar y salí corriendo hacia casa para contarlo esperando una buena bronca que no hubo. Unos minutos antes mi Madre me dijo: Toma un duro y la bolsa y vete por carbón; Date prisa, insistió.
Me siento en mi rincón favorito a recordar estas viejas historias, siempre en blanco y negro y me acuerdo de aquella candidez, de aquel lamento y me doy miedo al hacerlo. Hoy, curiosamente, las cosas han cambiado, hoy me dan miedo los niños de 9 años, justo los que yo tenía cuando me pasó lo de la bolsa y el carbón.
De donde venimos y a donde vamos, el enigma sin fin.
De donde venimos y a donde vamos, el enigma sin fin.
La picaresca de aquellos tiempos no tenía en cuenta a quien pillaba por medio, si era niño o anciano.
ResponderEliminarEs verdad que hoy nos dan cien vueltas los niños a los mayores.
¡Cómo han cambiado los tiempos....!