28 diciembre 2019
- Te planteas un día sencillo, sin bromas propias del día, (día de los inocentes), te sientas en tu silla, bien acolchada para impedir que se enfade tu querida próstata.
- Te pones las gafas y no ves nada hasta que las limpias con ese trapo inútil que te dan en las óptica de turno.
- Vaya, leyendo y leyendo a Aristóteles te das cuenta que te aburre menos hacerlo ahora que cuando tenías 16, y ves que te gusta esa frase de “Saber es acordarse”, que siempre aportas a cualquier conversación, poniéndote el dedo en la barbilla, en un intento coqueto de aparentar lo que no eres.
- La televisión sigue en silencio … bien. Pero … que horror, ¿Cómo me han podido cobrar 26 € por las frutas y la verdura si no he traído casi nada? … compruebas la nota, como siempre, y nada que objetar, como siempre.
- Te levantas de la silla de tu rincón, vas a la librería, ojeas los libros y cuadernos que están a la altura de la vista, cambias de libro y bien, tras un buen rato de búsqueda, me quedo con esa parte de un texto de mi querido Borges y que tanto me pirra y que tan bien viene soltarlo en las conversaciones terminales de las cortas noches de copas:
- La televisión sigue en silencio … bien. Me acerco a la cocina a buscar algo en la nevera que repare ese temblor intestinal que hace prever lo peor y pasó lo de siempre … esta vez encontré el tapón del tarro del boldocynar que perdí el viernes. Me tomo un plátano en dos bocados y … respiro. … sigo feliz.
- Te pones las gafas y no ves nada hasta que las limpias con ese trapo inútil que te dan en las óptica de turno.
- Vaya, leyendo y leyendo a Aristóteles te das cuenta que te aburre menos hacerlo ahora que cuando tenías 16, y ves que te gusta esa frase de “Saber es acordarse”, que siempre aportas a cualquier conversación, poniéndote el dedo en la barbilla, en un intento coqueto de aparentar lo que no eres.
- La televisión sigue en silencio … bien. Pero … que horror, ¿Cómo me han podido cobrar 26 € por las frutas y la verdura si no he traído casi nada? … compruebas la nota, como siempre, y nada que objetar, como siempre.
- Te levantas de la silla de tu rincón, vas a la librería, ojeas los libros y cuadernos que están a la altura de la vista, cambias de libro y bien, tras un buen rato de búsqueda, me quedo con esa parte de un texto de mi querido Borges y que tanto me pirra y que tan bien viene soltarlo en las conversaciones terminales de las cortas noches de copas:
“No incurrí en el error de preguntarle si me quería. Comprendí que no era el primero y no sería el último”.
- La televisión sigue en silencio … bien. Me acerco a la cocina a buscar algo en la nevera que repare ese temblor intestinal que hace prever lo peor y pasó lo de siempre … esta vez encontré el tapón del tarro del boldocynar que perdí el viernes. Me tomo un plátano en dos bocados y … respiro. … sigo feliz.
Abro el capó de mis sueños y me regalo una de Milanés, como no, esta vez en un mano a mano con Sabina:
Gracias Frodo. "Sencillear" a la hora de escribir, es una forma de andar lo vivido.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte