Fotografía de Robert Doisneau
27 abril 2020
¿Un acto de contrición? ¿Un mal sueño? ¿Masoquismo integral? ¿Ganas de renovar ausencias? ... ¿Qué habrá en ello que tanto me gusta recordarlo?
- Escribir los sentimientos en el espejo que crean las lágrimas del estoicismo moral, del reconocimiento del equivocado amor infiel y hasta del propio arrepentimiento, debiera redimir a cualquier mortal que sinceramente lo hiciere, pero la crueldad del dolor producido en el que los sufre, un extracto de despiadada dignidad y una ancestral negación formativa, no permite que esas ansias se conviertan en algo que lave las heridas que hemos producido en otros u otras.
- Es curioso ver que el “volver a empezar” con un infiel desconocido, sea más fácil que ante o con, el odiado ofensor.
- Lástima de vidas perdidas por esa terrible crueldad, error que, aún y siendo irreparable, solo se aprecia con claridad cuando el camino deja ver su próximo final y es justo entonces, precisamente, cando nos hacemos la, aún más, cruel pregunta: ¿Y si hubiera sabido perdonar?
La experiencia cultiva la sabiduría, quizás sea por eso que la vida empieza a llenarse de ella cuando se acaba.

Una pregunta es difícil de contestar Enrique, depende de lo que tengamos que perdonar. Cuídate.
ResponderEliminarAbrazos.
Me has recordado a una tía mía que "Jartica" de mi fechorías cuando era pequeña, me decía al pedirle perdón: "perdono pero no olvido", pero se le olvidaba, me quería tanto y yo a ella, que hasta se me están saltando las lágrimas.
ResponderEliminarHola, Enrique!
ResponderEliminarBelíssima foto. Me gusta!
Un texto inteligente y muy interessante.
Podemos perdonar, pero es siempre difícil olvidar, a menos que la "cosa" seja algo sin importância.
Besos y quedate en casa!
Al parecer es como dices, amiga CEU ... ¿Por qué?
EliminarUn abrazo fuerte