
27 enero 2022
– Levantarme temprano no quiere decir ni que sea un trabajador recalcitrante, ni un enamorado de la noche, ni de que me hubiera dado un ataque de dadaísmo para poder admirar, a traición, la belleza de un amanecer frente al mar. Fue, simplemente un deseo… «paseamos por la Playa, cariño, a esta hora no habrá nadie».
– Con un frío irracional que los años han convertido en algo cada vez menos soportable, nos abrazamos … sí, y así estuvimos más de un minuto, quizás dos, o muchos más, como si estuviéramos felizmente vivos, danzando al ritmo del viento, envueltos en la niebla invisible de la eternidad, como si el mundo se hubiera parado …
– Qué bello es poder vivir, poder sentir, poder admirar, poder querer … amar.
– Quiéreme como si el mundo acabara, quiéreme, si es posible, sin piedad…
Gracias, Ernesto, ya sabes, estamos en una feliz etapa de la vida. Lástima que nos esté restando vida esta cruel pandemia.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte.
Por qué no expresar que se es feliz? No todo puede ser fatalidad o desdicha. La felicidad no es una meta, la felicidad es de siempre, está ahí para sentirla, porque es parte de nuestro ser humano. Qué buen texto, Enrique. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarCoincidimos a menudo, querida Tracy.
ResponderEliminarGracias Maripaz, ya sabes que a mí me sienta bien leerte. Verte por aquí, un placer y un lujo.
ResponderEliminarFeliz noche
Uy adoro a Aute, y si hay que amar con toda la pasion. Te mando un beso
ResponderEliminarY tenerlo cerca, Sandra.
ResponderEliminarUn abrazo muy fuerte.
Gracias, Lu, espero que hayas tenido una feliz semana recibiendo a tu familia.
ResponderEliminarUn abrazo muy fuerte y gracias por estar, siempre.