27 marzo 2022
- Dos sensaciones de signo contrario que hoy, al sentir los nuevos haces de luz del nuevo día que se colaron entre las rendijas de la persiana de mi dormitorio, pasaron, nuevamente por las sombras de mi imaginación.
- Recuerdo que, tras la muerte de mi Padre, nos reunimos en casa consolando a mi Madre. Ese día me recorrí toda la casa recordando en cada rincón de ella todo aquello que viví en cada uno de esos espacios durante mis veintitrés años de estancia en ella. Lo que más me llamó la atención fue ver en el baño un tubo empezado de pasta dentífrica; una botella a medias de Hair Tonic Blue; una cajita empezada de hojas de afeitar y algunos otros de igual consideración. Me paré un largo espacio de tiempo en ese lugar. Cogí entre mis manos cada uno de esos objetos que Él, seguro, habría tenido entre sus manos unas horas antes y medité mucho en ello, cavilé sobre si Él hubiera pensado al comenzar a usar cada uno de esos objetos, es decir, el día que abrió ese último tubo de pasta para los dientes o cuando estrenó su nueva botella de Hair Tonic, si ese tubo o esa botella, sería la última que abriera.
- Esa sensación, la que sentí el día de los funerales de mi Padre y como sensación posiblemente negativa, la tengo cada día al comenzar a usar cualquier objeto de uso prolongado como el tarro de Nescafé, el Sensodyne, el Hair tonic, el bote de laca para el pelo, la caja de Zyloric o cualquier otro objeto de largo consumo.
- En estos últimos tiempos, no sé, quizás sean meses, aunque tampoco puedo despreciar que sean algunos años, resulta que, de modo inconsciente, no pongo el punto final a cualquier nota o escrito, lo cual hago de modo absolutamente automático, es decir, es como si mi subconsciente se negara, obstinadamente, a poner el punto final.
- Pues bien, quiero entender, como sensación positiva, que esa actitud, la de no colocar el punto final a ningún escrito, sea, con toda seguridad, un acto de manifiesta y simbólica rebeldía ... actitud con la que quiero convivir, mientras la siga interpretando como mejor quiero, deba y pueda, entenderla, pues hay cosas para las que no conviene tener mucha o ninguna, prisa.
- Para terminar, escribiré que alguien, cuyo nombre no recuerdo ahora, escribió algo que nunca he sabido interpretar muy bien, pero que últimamente se me presenta en el escenario más visible de mis razones para mantener vivas mis inquietudes vitales. Ese alguien escribió, quizás razonada y muy inteligentemente, que la incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar.

He leído tu larga reflexión, amigo, y creo haber entendido todos los puntos por los que pasaste ese día. Natural y sentida sensación que no todos sabríamos apreciar... Como bien sabes, situaciones personales tiene la vida.
ResponderEliminarAhora bien, hay un punto en tus palabras que si puedo precisar. Si bien entiendo que ello puede interpretarse como algo mío... Solo mío. No extrapolable a la realidad. No importa! Las cosas son!
Y es eso de que la incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar.
Puedo asegurarte que no es así. Esa margarita esta sujeta a las "leyes de la naturaleza"... Naturaleza espiritual, por llamarlo de alguna manera.
Y cuando llega el "otoño del sé", esa margarita desaparece.
Gran abrazo Enrique. Siempre ágil y ocurrente.
Gracias, Ernesto, ya sabes, sentir y al momento, escribir, eso es todo.
EliminarEscribir sin sentido, es pecado, no escribir, uno mayor.
Un abrazo, mi siempre oportuno y sincero, amigo Ernesto.
Y que no se pierda la incertidumbre. Que sus pétalos abunden y alerten.
ResponderEliminarUn beso Enrique
Escribí un libro, uno más, (todos sin publicar), dulce Lu, en el que hablaba repetida y únicamente con mi otro yo. Un libro de lenguaje irreverente y que, de vez en cuando, voy soltando aquí algunas "perlas". Quizás lo haga pronto, otra vez.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte.