10 septiembre 2026

El “Dividendo Trump”: cuando la política se convierte en un juego turbio de poder

…y la política deja de ser un servicio para convertirse en una amenaza 

10 septiembre 2026

- La promesa de Trump de entregar 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si los republicanos ganan las elecciones de noviembre no es una propuesta económica: es una maniobra de presión. Un gesto calculado que convierte el voto en una transacción y la democracia en un mercado donde se compra lealtad con dinero público. No hay estructura técnica, no hay plan fiscal, no hay mecanismo legal claro. Solo hay una cifra redonda, un mensaje emocional y una condición política que revela la verdadera intención: usar el Estado como herramienta de chantaje electoral.

- El coste supera el billón de dólares y se sostiene en una idea tan frágil como peligrosa: financiarlo con aranceles. Es un argumento que ignora la realidad económica, los efectos en los precios y las tensiones comerciales que inevitablemente genera. Pero, claro, la lógica aquí no importa. Lo que importa es el impacto, el ruido, la promesa fácil que seduce a quien está cansado, preocupado o desencantado. Es la política convertida en espectáculo, en truco de feria, en oferta de última hora para salvar una mayoría parlamentaria que las encuestas muestran en riesgo.

- Lo más inquietante es el patrón. No es la primera vez que Trump recurre a este tipo de anuncios. No es la primera vez que reduce la complejidad del gobierno a un eslogan y la responsabilidad institucional a un acto de marketing. Y no es la primera vez que utiliza el poder como si fuera un bien privado, moldeándolo según sus necesidades, sus urgencias y sus intereses. La política, en manos de líderes así, deja de ser un espacio de servicio público y se transforma en un territorio donde la audacia se confunde con impunidad y la desfachatez con liderazgo.

- Al final, lo que queda es una sensación amarga: la de ver cómo la democracia se contamina con prácticas que recuerdan más a la mafia que a la política seria. Condicionar un pago público al resultado electoral es una forma de presión que distorsiona la voluntad ciudadana y degrada las instituciones. Es retorcido, es desafortunado y es profundamente perturbador. Y, en el caso de Trump, es un ejemplo más de cómo la desfachatez puede convertirse en estrategia, y la estrategia en amenaza para la salud democrática.

- ¿Qué podemos hacer?: 

  • Seguir atentos, exigir transparencia y no dejar que nos compren con promesas huecas. 
  • Pero también preguntarnos con honestidad si el mundo de hoy está preparado para hacerlo o prefiere seguir danzando al ritmo de los malditos intereses políticos y vivir eternamente de la sopa boba.

6 comentarios:

  1. Ese hombre esta loco por el poder. Te mando un beso.

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    1. Y loco para todo, querida Judit.
      Un abrazo, escritora

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  2. Es un virus mas que una persona.

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  3. Tratándose de un personaje tan "demócrata" como del que estamos hablando todo cabe. Creo que piensa que gobernar un país es como dirigir un holding de empresas. Eso creo que se llama compra de votos y se parece a lo que dicen pasaba hace mas de cien años aquí.

    Saludos.

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    1. Tomás, entiendo perfectamente lo que planteas. Da la impresión de que Trump afronta la política con una mentalidad muy empresarial, como si gobernar un país pudiera gestionarse igual que un gran holding. Y cuando aparecen medidas o propuestas que buscan atraer apoyos mediante beneficios directos, es inevitable que muchos recuerden prácticas que parecían propias de otros tiempos. Tu reflexión invita precisamente a pensar dónde termina la estrategia política y dónde empieza el puro interés electoral. Un fuerte abrazo, Tomás.

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