Dependimos demasiado tiempo de la protección de Estados Unidos y hoy pagamos el precio de llegar tarde a una amenaza que Putin ya apenas disimula
26 octubre 2026
LA NOTICIA:
- Europa empieza a asumir un escenario que hasta hace poco parecía impensable: que Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, priorice una paz rápida en Ucrania por encima de una paz justa y duradera. En Bruselas crece la preocupación ante las señales de distanciamiento de Washington respecto a Zelenski y ante la percepción de que las presiones para alcanzar un acuerdo recaen cada vez más sobre Ucrania que sobre Rusia.
- Según la información, dirigentes europeos consideran que, si Estados Unidos reduce su compromiso, será la propia Unión Europea quien deba sostener económica, política y militarmente a Ucrania. Al mismo tiempo, la UE prepara nuevas sanciones contra Rusia y estudia fórmulas para incrementar la financiación a Kiev, consciente de que el apoyo europeo podría convertirse en el principal pilar de resistencia frente a las ambiciones del Kremlin.
- Lo más inquietante es la convicción creciente en los círculos comunitarios de que Washington busca cerrar el conflicto cuanto antes, mientras Europa teme que una paz precipitada suponga una victoria estratégica para Putin y deje abiertas las puertas a futuras tensiones en el continente.
MI OPINIÓN:
- Europa vuelve a llegar tarde. Llevamos décadas instalados en la cómoda convicción de que, ante cualquier amenaza seria, siempre habría un hermano mayor al otro lado del Atlántico dispuesto a garantizar nuestra seguridad. Nos acostumbramos a depender de la protección estadounidense mientras descuidábamos la construcción de una auténtica capacidad de defensa europea, política, estratégica y militar.
- Hoy comprobamos el precio de esa comodidad. Cuando los intereses de Estados Unidos cambian, Europa descubre que no puede seguir viviendo de prestado en materia de seguridad. Y lo hace precisamente cuando se enfrenta a una Rusia liderada por un Putin cuya obsesión por alterar el modelo de convivencia, cooperación económica, libertades y estabilidad construido en Europa resulta cada vez más agresiva y menos disimulada. Cuesta comprender qué mueve realmente esa pulsión permanente de confrontación, salvo una visión imperial que parece incapaz de aceptar la existencia de vecinos libres para decidir su propio destino.
- Pero tampoco podemos ignorar nuestras propias responsabilidades. Europa habla mucho de unidad y, sin embargo, con demasiada frecuencia actúa dividida. Cada país sigue calculando sus intereses nacionales a corto plazo mientras los desafíos comunes exigen una respuesta colectiva. La desunión es hoy uno de nuestros mayores enemigos.
- ¿Qué puede hacer Europa? En primer lugar, asumir de una vez por todas que su seguridad depende principalmente de los europeos. Eso implica reforzar una política común de defensa, coordinar capacidades militares, invertir de forma sostenida en tecnología y seguridad y reducir dependencias estratégicas externas. En segundo lugar, recuperar una voz única en política exterior. Una Unión que habla con veintisiete voces diferentes apenas puede hacerse respetar en un mundo cada vez más duro.
- Y, por último, abandonar debates ideológicos estériles que dividen más de lo que unen. También en España asistimos con demasiada frecuencia a una política exterior condicionada por intereses partidistas y discursos que aportan poco a la construcción de una posición europea firme y coherente. Quienes se autodenominan progresistas deberían comprender que la paz no se garantiza con consignas, sino con fortaleza, credibilidad y capacidad de disuasión.
- Porque la historia demuestra una verdad incómoda: la mejor manera de evitar una guerra es que nadie tenga la tentación de iniciarla. Y para eso Europa necesita menos ingenuidad, más unidad y mucha más determinación.
Fuente https://tinyl.co/5E2G

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