07 noviembre 2026

El negocio del miedo

Cuando la guerra necesita respirar para seguir viviendo


07 noviembre 2026


LA NOTICIA


- Más de una decena de vuelos europeos han recibido amenazas de bomba en las últimas horas, afectando a rutas con origen o destino en varios países del continente, entre ellos España. Tres de esos vuelos estaban relacionados con Madrid y algunos tuvieron que ser desviados o escoltados por aviones militares. Tras las inspecciones realizadas por las autoridades, las amenazas resultaron ser falsas, sin que se encontraran explosivos ni objetos peligrosos a bordo. También se vieron afectados vuelos de compañías como Ryanair, Iberia, LOT Polish Airlines, Wizz Air y Finnair. Las autoridades europeas activaron los protocolos de seguridad y destacaron que la prioridad absoluta sigue siendo la protección de pasajeros y tripulaciones. 

MI OPINIÓN

- Cada vez resulta más difícil creer que vivimos en una era de progreso. Disponemos de tecnología capaz de conectar continentes en segundos, de diagnosticar enfermedades impensables hace unas décadas y de enviar sondas a los confines del sistema solar. Y, sin embargo, seguimos tropezando con las mismas sombras que acompañan a la humanidad desde que la primera piedra fue levantada contra otro ser humano.

- Estas amenazas de bomba, verdaderas o falsas, son un ataque directo a la inteligencia colectiva. No buscan únicamente sembrar miedo en quienes viajan. Pretenden recordarnos que hay quienes necesitan mantener permanentemente encendida la llama de la tensión, el conflicto y la inseguridad.

- Resulta imposible no preguntarse quién se beneficia de un mundo en alerta constante. Hay países, grupos armados, organizaciones extremistas y poderosos intereses económicos cuya existencia parece alimentarse de la confrontación. La paz no genera titulares espectaculares. La convivencia no dispara presupuestos militares. El entendimiento no multiplica ganancias ni fortalece ciertas posiciones de poder. La guerra, en cambio, mueve fortunas, alimenta ambiciones y justifica demasiadas decisiones que jamás serían aceptadas en tiempos de serenidad.

- Lo más desesperanzador es que las voces razonables suelen llegar cansadas al debate. Los ciudadanos construyen, trabajan, educan a sus hijos, cuidan de sus mayores y aspiran simplemente a vivir en paz. Pero parece que siempre existe alguien dispuesto a convertir esa tranquilidad en mercancía.

- ¿Y qué podemos hacer la gente de a pie? La pregunta es tan sencilla como incómoda. ¿Salir a la calle a derribar gobiernos? ¿Inundar las urnas de votos pacifistas? ¿Alzar la voz cada vez que el odio se disfraza de patriotismo o de interés estratégico? Quizá todo eso tenga sentido. Quizá ninguna medida baste por sí sola.

- Lo que sí sé es que la indiferencia nunca ha sido una solución. Cada ciudadano que defiende el diálogo frente al enfrentamiento, cada voto emitido en favor de la convivencia, cada gesto de respeto hacia quien piensa diferente, es una pequeña derrota para quienes viven del miedo.

- A veces tengo la sensación de que el mundo se ha vuelto loco. Después recuerdo que la locura siempre hace más ruido que la cordura. Tal vez la esperanza consista precisamente en eso: en que todavía somos muchos más los que queremos vivir, construir y compartir que aquellos empeñados en dominar, destruir y enriquecerse a costa del sufrimiento ajeno.

- Y mientras siga siendo así, aún habrá motivos para no rendirse.



3 comentarios:

  1. Lo que está pasando ahora es espantoso y preocupante... ¡tengo miedo!

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    1. Un sentimiento muy extendido, Modrina.
      Animo.

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  2. Creo que los deseos que compartes con nosotros de buscar un mundo en el que reine el dialogo es lo que han votado los ciudadanos de los Estados Unidos de América.

    Saludos.

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