03 noviembre 2026

¿Quiénes son realmente los nuestros?

Cuando un supuesto enemigo te protege de una amenaza, las fronteras entre aliados y adversarios dejan de parecer tan evidentes


03 noviembre 2026

LA NOTICIA


- Resulta difícil encontrar una noticia más paradójica en el actual escenario internacional. El Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) ha informado de que recibió información procedente de las autoridades estadounidenses sobre la preparación de un posible atentado terrorista en Moscú. Según la información publicada, la alerta hacía referencia a una amenaza considerada creíble en el entorno del Museo y Palacio de Tsarítsino, hasta el punto de que la propia Embajada de Estados Unidos recomendó a sus ciudadanos evitar la zona y coordinó el aviso con las autoridades rusas.

- La sorpresa no reside tanto en la existencia de una amenaza terrorista como en el hecho de que la comunicación y la cooperación se hayan producido entre dos países que, desde hace años, aparecen ante la opinión pública como adversarios estratégicos en numerosos frentes internacionales. Mientras los discursos políticos, mediáticos y geoestratégicos dibujan bloques aparentemente irreconciliables, la realidad demuestra que, cuando la vida humana está en juego, siguen existiendo canales de colaboración capaces de atravesar las fronteras ideológicas. 

MI HUMILDE OPINIÓN

- Esta noticia deja flotando una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿de verdad sabemos quiénes son nuestros amigos y quiénes son nuestros enemigos?

- A menudo nos presentan el mundo como un tablero de ajedrez dividido en casillas perfectamente definidas. Aquí los buenos. Allí los malos. A un lado los aliados. Al otro los adversarios. Sin embargo, la realidad suele ser bastante más compleja que los mapas simplificados con los que intentan explicárnosla.

- Cuando un país considerado rival alerta a otro de una amenaza mortal, las etiquetas empiezan a resquebrajarse. Quizá los intereses cambien según el momento. Quizá las alianzas no sean tan sólidas ni las enemistades tan permanentes como parecen. Quizá, detrás de las banderas, existan necesidades compartidas que obligan a cooperar incluso a quienes se observan con recelo.

- La historia está llena de ejemplos que nos recuerdan que los Estados no tienen amigos eternos ni enemigos perpetuos. Tienen intereses. Y esos intereses, como las corrientes marinas, cambian de dirección cuando cambian los vientos.

- Por eso conviene desconfiar de quienes nos invitan a alinearnos ciegamente en uno u otro lado del tablero mundial. La realidad rara vez se deja encerrar en compartimentos estancos. Y tal vez la mayor lección de esta sorprendente noticia sea precisamente esa: que el mundo no es un partido de fútbol entre dos equipos enfrentados, sino una compleja red de relaciones donde, a veces, quien hoy aparece como adversario es quien mañana te advierte del peligro que puede costarte la vida.


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